En la publicación científica* del nuevo primate birmano Ganlea megacanina no hay nada acerca del un ancestro común asiático de monos, simios y humanos. Ésa es una hipótesis del pricipal autor, Beard, quien lleva años defendiéndola, pero que no se deriva de este nuevo hallazgo. La Ganlea megacanina pertenece al grupo de los anfipitécidos (Amphipithecidae). Según el estudio, estaría dentro de los antropoides, y se situaría evolutivamente cerca de los platirrinos o monos del nuevo mundo (por eso Mark A. Kingler lo ha dibujado basándose en un tamarino). La Ganlea es posterior (de hace 38 millones de años) y más evolucionada que la famosa Ida (Darwinius masillae). En este nuevo trabajo ni siquiera se menciona al Darwinius, y no hay nada acerca de una supuesta "rivalidad" entre ambos fósiles en lo que respecta a ancestros comunes con el hombre o al origen geográfico de los antropoides.
Ha vuelto a pasar. "Eslabones", confusión, noticias infladas... tanto periodistas como científicos son responsables de la basura informativa. No me extrañaría comprobar que el lector medio termine sintiendo una gran desconfianza ante la paleontología evolutiva. Hay una magnífica crítica del asunto Ganlea en Laelaps.
______________
*K. Christopher Beard et al. (2009). A new primate from the Eocene Pondaung Formation of Myanmar and the monophyly of Burmese amphipithecids Proceedings of the Royal Society B DOI: 10.1098/rspb.2009.0836
Otra vez. Señores periodistas, por favor, dejen de utilizar el manido y absurdo recurso del "eslabón perdido". Utilicen otra cosa que sí tenga sentido en la ciencia del siglo XXI, que signifique algo real y que no perpetúe concepciones erróneas. Mientras sigan incrustando hediondos eslabones en los titulares de las noticias sobre fósiles, lo que publicarán no será otra cosa que pseudociencia.
Un nuevo trabajo* concluye que el "hobbit" de la isla de Flores procede del Homo erectus, confirmando la hipótesis inicial de los descubridores. Traduzco parte del resumen:
Nuestro análisis incluye especímenes que otros autores han destacado para probar sus conclusiones. El análisis geométrico morfométrico separa al H. floresiensis de todos los H. sapiens, incluidas las formas patológicas e insulares. No resulta posible separar al H. floresiensis del H. erectus. Australopithecus se separa de todos los demás cráneos. Los cráneos neolíticos de Flores se sitúan dentro del rango de los humanos modernos y no están relacionados con LB1 [H. floresiensis]
Me entero por Anthropology.net, que a su vez se ha enterado por Mundo neandertal. Para otra vez: consultar el blog del amigo Martín Cagliani antes que todo lo demás.
____________
*G.A. Lyras, et al. 2009. The origin of Homo floresiensis and its relation to evolutionary processes under isolation. Anthropological Science 117(1), 33–43, April 2009. Leer el artículo completo. Descargar PDF
Sigo teniendo la sensación de que las noticias científicas sobre fósiles y evolución son cada vez mejores. Sin embargo, en los medios no se ha transmitido bien cuál ha sido la importancia real del hallazgo del Limusaurus. Éste aparece en varios periódicos como un descubrimiento acerca del origen de las alas de las aves. Empezando, paradójicamente, por Nature news, que titula su noticia así:
"Los dedos de un dinosaurio muestran cómo los pájaros consiguieron sus alas"
Otros ejemplos: "Descubren un dinosaurio que explica la formación de las alas en los pájaros" (La Vanguardia, La Voz de Galicia...); "Fósil de dinosaurio podría explicar origen de las alas" (Granma); "Un dinosaurio chino explica la evolución de las alas de los pájaros" (Muy Interesante).
El lector de estos titulares podría pensar que, antes de que los científicos descubrieran el Limusaurus, no sabían de dónde venían las alas de los pájaros. Y eso es falso. El esqueleto de las alas de las primeras aves es prácticamente idéntico al de los brazos de los dinosaurios más emparentados. Las alas provienen de brazos dinosaurianos que, simplemente se alargaron, se modificaron de un modo relativamente poco dramático, y se "adornaron" con plumas largas y complejas que formaron una superficie sustentadora del vuelo. Pero los bracitos reducidos del Limusaurus no añaden gran cosa a lo que ya se conocía sobre esta transformación. Lo que hacen los deditos del Limusaurus (si han sido interpretados correctamente) es resolver un enigma sobre la aparente falta de correspondencia entre los dedos de las aves actuales y los de los dinosaurios fósiles incluyendo las aves primitivas.
Por tanto, no, señores de Público: no "faltaban aún pruebas de la transición de las manos de los reptiles a las alas".
Además, no es la mano lo que se transforma en el ala, y mucho menos únicamente los dedos (sí, eso dan a entender algunas noticias). Es, ya lo hemos dicho, todo el brazo.
Por otra parte, el cliché del "eslabón perdido" se resiste a desaparecer (por ejemplo Times online) a pesar de los recientes esfuerzos de científicos, blogueros y periodistas (véase el artículo de Carl Zimmer sobre el Limusaurus). Times online, además, mete la pata diciendo que ésta es la primera vez que se encuentra un pariente con pico de especies como el tiranosaurio o el velociraptor (hay muchos otros terópodos con pico, oviraptorosaurios, ornitomimosaurios...).
Y Muy Interesante, lamento decirlo, no tendría que publicar afirmaciones como que el Limusaurus es "el ancestro común más probable de las aves", afirmación que no tiene ningún sentido. El Limusaurus no es ancestro (ni común ni a secas) de las aves, y sus descubridores no han dicho nada semejante. Tampoco tiene sentido, a estas alturas, escribir que el origen de las aves a partir de dinosaurios es una "creencia" que se debe a que los dinos se sostenían en dos piernas y en la similitud de la pelvis (¿?) y de las extremidades inferiores con las de las aves. No, hombre, no. Las pruebas son muchísimo más contundentes. ¿Aún no nos hemos enterado de todas las especies de dinosaurios con plumas conservadas que han ido saliendo durante la última década? Y el otro error gordo: "los terópodos conocidos hasta ahora tenían cinco dedos en su mano". En realidad la gran mayoría de los terópodos conocidos tienen tres dedos, incluídos algunos conocidísimos como el Velociraptor, del que tenemos imágenes suyas, con sus tres deditos bien visibles, hasta en la sopa. Y cualquier niño sabe que el tiranosaurio tenía dos dedos en la mano.
Anteayer apareció en la revista Nature y en las noticias científicas el Limusaurus inextricabilis, un peculiar dinosaurio del Jurásico de China con el que probablemente se ha resuelto un interesante problemilla de la evolución de las aves.
Resulta que el ala de las aves tiene tres dedos (muy modificados, irreconocibles como tales salvo para un experto) y según ciertos trabajos de embriología esos tres dedos corresponden a el segundo, tercero y cuarto de la mano primitiva original de cinco dedos. En otras palabras, si esos estudios son correctos, durante su evolución, el linaje que dio lugar a las aves perdió el dedo primero (el pulgar) y el dedo quinto (el meñique). Además, ésa es la forma más frecuente de pérdida de dedos en los vertebrados terrestres.
Pero los paleontólogos estaban muy convencidos (por buenas razones) de que en los dinosaurios terópodos primitivos, antepasados de las aves, los dedos que se perdieron fueron el quinto (meñique) y luego el cuarto (anular). El dedo primero se había mantenido en casi todos como un "pulgar" bien reconocible.
Me parece importante aclarar que la discrepancia entre los datos embriológicos y paleontológicos se consideraba en general un misterio a resolver, pero no una prueba contra el origen dinosauriano de las aves (salvo por algún que otro investigador muy heterodoxo, y claro, por los creacionistas). La evolución de las aves a partir de dinosaurios terópodos lleva ya muchos años acumulando pruebas muy sólidas, entre ellas bastantes esqueletos de dinosaurios transicionales con plumas fósiles bien conservadas.
El Limusaurus tiene un primer dedo vestigial, pero el segundo parece ser homólogo al el pulgar de los dinosaurios terópodos posteriores y más cercanos a las aves. Lo que la mano del Limusaurus revela, si los autores* están en lo cierto, es que el pulgar de los terópodos avanzados no es realmente el pulgar. Es el dedo índice, que se ha convertido en un nuevo pulgar, adoptando tanto forma como función, mientras el original desaparecía.
Por tanto, las aves actuales desarrollarían los dedos II, III y IV en las manos, al igual que las aves primitivas como el Archaeopteryx y que los parientes cercanos como el Velociraptor, y que otros muchos terópodos. Los embriólogos habrían acertado (sinceramente, yo no apostaba por ellos). Los paleontólogos se habrían equivocado (hasta ahora) porque todos los datos les hacían pensar que el pulgar estaba ahí, que no se había atrofiado. El problema, aparentemente, ha sido resuelto gracias a un fósil que muestra un estadio evolutivo intermedio, hasta ahora desconocido. De todas formas, la interpretación y las conclusiones extraídas de este dinosaurio podrían no ser correctas. Siempre hay que tenerlo en cuenta.
El Limusaurus también es muy interesante porque parece ser un herbívoro situado en un grupo (Ceratosauria) en el que todos los miembros son carnívoros (o así se han considerado incluso cuando los restos eran demasiado incompletos). Carecía de dientes, poseía pico, tragaba piedras para ayudar a la digestión (típico de vegetarianos, aunque no exclusivo), y su forma corporal era bastante convergente con la de otros linajes de dinosaurios posteriores que se hicieron también (probablemente) herbívoros, como los ornitomimosaurios o los oviraptorosaurios.
Solo uno de estos anquilosaurios mamiferoides es original de la marca AAA. El resto son imitaciones.
Con esto creo que por fin hemos acabado la serie. Aunque hay otros antiguos dinosaurios mutantes de ojos azules, aparentemente no han tenido tanto éxito en número de copias.
Darwin (Paul Bettany) darwineando con su mujer (Jennifer Connelly) en una escena de la película Creation. Buen título, sí señor. Aún no sabemos cuándo va a estar en los cines. Página web oficial de la peli. Vídeo:
"Si la miseria de nuestros pobres no es causada por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, qué grande es nuestro pecado" (Charles R. Darwin)